Àmbit, Jornadas 20 aniversario

En este año conmemoramos los primeros 20 de actividad de Àmbit.

140b010967f6cad065f658f2e2e7cc8d_XLEstamos, por tanto, de celebración. Pero queremos que esta celebración sea más un punto de partida que uno de llegada.

Para ello, hemos programado una serie de acciones, que surgen evidentemente de esos 20 años. Y que apuntan y dan indicios, de nuestros planteamientos y compromisos de futuro.

DIGNIDAD Y JUSTICIA SOCIAL

Hace más de 20 años que venimos acompañando procesos vitales de personas presas. Y hace más de 20 años que venimos construyendo herramientas y habilidades que los facilitan, y constatando elementos y realidades que los dificultan.

Durante todos estos años, nuestra principal preocupación han sido las circunstancias de las personas que acompañábamos, las de sus familias, las de su inclusión (de nuevo) en la sociedad. Con ellas, para ellas y, en gran medida, desde ellas hemos construido nuestros programas de actuación. Y podemos decir, a la vista de los resultados de todos estos años, que son útiles y eficaces. La medida de esta aseveración es el grado de bienestar personal que experimentan las personas a las que acompañamos, y el nivel de inclusión, en la sociedad, que consiguen.

Pero consideramos que nuestro compromiso debe ir más allá. Desde siempre nos hemos tropezado con dificultades, estructuras, prejuicios, incluso aspectos de la propia institución penitenciaria, que considerábamos criticables. Nuestro nivel de conocimiento, obtenido en esos más de 20 años de trabajo, no sólo nos facultan, sino que nos obligan a una denuncia de muchas de las situaciones de las personas presas en nuestra sociedad. Sabemos (conocemos) situaciones y realidades que debemos denunciar.

Os ofrecemos la primera de las conferencias : Manuela Carmena en el Colegio Mayor Rector Peset, de Valencia, dentro de las I Jornadas sobre Dignidad y Justicia Social.

http://www.ivoox.com/justicia-justa-prisiones-dignas-audios-mp3_rf_2574460_1.html

Por motivos variados, las prisiones españolas no cumplen, casi nunca, la función de inserción ni educación social. Por ello, al no cumplir esa función, queda el castigo como única justificación de su existencia. Convirtiendose, por tanto, por lo desproporcionado en un instrumento de venganza social.

Sabemos que en las prisiones españolas, la seguridad está, las más de las veces, por encima de la dignidad. Y cuando la dignidad de la persona se postpone y se subordina a otras consideraciones, la sociedad que realiza tal elección termina siendo menos digna. Esa falta de dignidad de los presos, es más sangrante (se puede hablar de gradación en la falta de dignidad?) cuando se trata de presos enfermos mentales.

Sabemos que las prisiones españolas están llenas de pobres. Y esto puede tener una doble lectura. En primer lugar, que sólo los pobres carecen de recursos económicos que les alejen de la prisión. Pero también podría colegirse que se penalizan más las conductas “propias” de personas sin recursos. Creemos que esta situación de nuestras prisiones, obedece a la suma de estas dos realidades

Sabemos que las prisiones españolas, cada vez más, están llenandose  de enfermos mentales. La dinámica de la cárcel, es la más contraindicada para el tratamiento de una enfermedad mental. Y en ocasiones los daños que inflige  al enfermo mental, supone un agravamiento de su dolencia tal, que rebaja las expectativas del futuro tratamiento de la enfermedad.

Sabemos que la prisión, causa muchos más daños de los que pretende resolver. Y en muchos casos, estos daños merman definitivamente, las posibilidades de crecimiento de las personas que los sufren.

Sabemos que la mayoría de las veces, se puede conseguir  que una persona no ingrese  en prisión. Y ello, porque conocemos sobradamente las circunstancias que propician las conductas que pueden llevarla a la cárcel. Tenemos los conocimientos, a nivel de educación, de acción comunitaria, de prevención, etc. Tan sólo falta la decisión de dedicar medios a ese fin. Es infinitamente menos costoso a todos los niveles (económico, emocional, social, etc.) la prevención y el trabajo con personas “en riesgo”, que no hacer nada en ese sentido y dedicar muchos más medios a “castigar”, recluyendo a una persona en una cárcel.

Sabemos que hay un gran desinterés social por la cárcel. Y no debemos olvidar que las sociedades se “califican” por las instituciones en las que se “apoyan”. También por sus prisiones. Al igual que por sus escuelas y por sus hospitales y por la atención a los más débiles. No se puede construir una sociedad más igualitaria, más libre, en la que todos seamos más personas, si no cambiamos previamente nuestro modelo penitenciario.

Y somos plenamente conscientes de ese “previamente”, como “conditio sine qua non” . La prisión es lo suficientemente densa como para condicionar cualquier nueva construcción. Solo habrá una sociedad nueva, si antes hemos conseguido alumbrar una prisión diferente y nueva.

Nuestra sociedad necesita entender que una institución que solamente castigue, no sirve absolutamente para (casi) nada. Además de causar unos daños para los que no tenemos remedios.

Nuestra sociedad necesita dedicar medios que minimicen la exclusión social. Necesita favorecer la tutela y la prevención. Adelantando medios que se destinan, actualmente, al castigo. Con ello se ganaría en eficacia y en “éxito” social, y en cuotas de dignidad y justicia social

Nuestra sociedad necesita dar facilidades para que todas las personas encuentren su lugar en el mundo, empleando para ello, los medios que su singular situación precisa. Sólo desde la atención individual y personalizada se pueden dar los pasos adecuados.

Nuestra sociedad necesita conocer más, acerca de las prisiones. Conocer más de los presos. Conocer más de los enfermos mentales que, dentro de las prisiones, están “fuera de lugar”

Ese es nuestro compromiso. Dar a conocer estas realidades. Denunciar las situaciones, los prejuicios y los planteamientos que consideramos inadecuados. Proponer nuevos planteamientos, nuevos caminos, nuevos métodos. Siempre desde la dignidad de la persona, como premisa para vivir en una sociedad más digna. Y desde la justicia social, que va un paso más allá de la justicia personal, y que la incluye.

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