Homero y los derechos de autor del rapsoda

La cultura ya no es algo que se construye entre todos, que nos ayuda a comprendernos y a ayudarnos. No es ese el objetivo. Ahora es un reconocimiento individual, una medalla. Ese hace cultura y si no puedes pagar para verlo, escucharlo o leerlo eres un pobre inculto.

Homero y los derechos de autor del rapsoda

Homero no conocía aquellos dibujos de los sonidos que perpetúan en el tiempo las palabras, esa otra torpe forma de expresión sonora que apenas nos da para comunicar lo que sentimos. No conocía las letras, sombras de otras sombras.

Él cantaba. Cantaba las historias que había escuchado a sus mayores, a otros rapsodas cuando era niño, a otros comediantes. Y escogía las historias que más le impresionaron o más le conmovieron y les daba su estilo y cambiaba algunas cosas o añadía otras que había escuchado a otro juglar en otra historia parecida. Sin conocer la escritura todo lo guardaba en su memoria.

Se atribuye a Homero la eminencia de haber dado una forma definitiva, un texto fijo que él jamás escribió, a aquellas historias mitológicas. La mitología se enseñaba de forma oral, se repetía y se cantaba. La mitología era la tradición cultural de un pueblo; sus mares y sus estrellas, sus costumbres y sus leyes, su historia y su porvenir.

La cultura oral, que siempre fue tradición del pueblo y lo sigue siendo de muchos, caminó así por la historia, de boca en boca, de canción en canción, de chiste en chiste. Algunos hicieron sátiras y otros teatros y representaciones. Fue cambiando y adaptándose a los tiempos y a los caracteres que sus intérpretes le marcaban.

Esa cultura popular fue siempre además, una forma de supervivencia. Ha sido la respuesta al conocimiento científico-técnico, al místico y religioso, a los secretos de Estado, a las cábalas económicas. Un conocimiento de unos pocos que por el contrario, no se comparte sino que se utiliza y falsea para controlar a todos los demás. De este modo la cultura popular, de la gente, es también algo parecido al fuego que Prometeo robó a los dioses, o a esos cables que el mensajero robó al diplomático.

Ahora los “guardianes” de esa cultura, patrimonio de todos, la privatizan. La cultura ya no es popular, es individual. Es propiedad privada, es fama, es negocio. Los autores que cantan para la gente, que escriben para la gente, que actúan para la gente, ya no comparten, ya no suman, ahora reclaman autoría. Divertirse? Emocionarse? Reírse? Eso se paga hombre!

– Y es que si no nos morimos de hambre, no hacemos negocio!

– Antes cantaban para los que pasaban hambre. Eso era antes, claro.

La cultura ya no es algo que se construye entre todos, que nos ayuda a comprendernos y a ayudarnos. No es ese el objetivo. Ahora es un reconocimiento individual, una medalla. Ese hace cultura y si no puedes pagar para verlo, escucharlo o leerlo eres un pobre inculto.

Los rapsodas memorizaban las canciones de sus mayores. Pero hoy una canción es una propiedad privada, como un objeto que se puede robar y si lo haces te llaman ladrón. Qué haríamos con ellos ahora?

Pero qué exageraciones verdad?? Homero que vivió hace casi 3000 años y que jamás escribió la Ilíada ni la Odisea tiene copyright.

Eleuterio Gabón-Radio Malva

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