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Adrián Mora tomaba café con un amigo en un bar a pocos metros de su casa, cuando unos agentes de paisano se presentaron en el local y le invitaron a salir a la calle sin dar más explicaciones. Había un coche patrulla con cuatro agentes uniformados esperando en la puerta. Una vez fuera lo esposaron, lo metieron en el coche y le leyeron los derechos; estaba acusado de agredir a un policía el pasado 20 de noviembre, día de las elecciones generales.
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Desde que llegó a Granada para estudiar hace ya unos años, Adri ha participado en distintos colectivos y sindicatos estudiantiles, en movilizaciones contra el plan Bolonia o en protestas por los conflictos sociolaborales de la ciudad. Cuando en mayo el movimiento 15M eclosionaba en todo el estado, nuestro compañero también estuvo en la calle. Igualmente en la calle, esta vez en la plaza del Carmen de Granda, estaba junto a otros muchos compañeros el pasado 20 de noviembre.“La intención era tomar la plaza como ciudadanos libres que se supone que somos y poder celebrara allí un debate conjunto que para nada tiene porque interferir en la jornada de reflexión previa a unas elecciones”. Sin embargo, un fuerte dispositivo policial de antidisturbios custodiaba la plaza para frenar esta convocatoria del 15M. La intención, siempre de forma pacífica, era la de entrar en la plaza, por lo que se formaron dos filas; una de policía y otra de manifestantes. Las dos filas chocaron, dando una imagen similar a la de una melé de rugby. La policía no cargó, no tenía orden, sin embargo “sí repartió lo suyo dando patadas por debajo en las espinillas y causando varios moratones a la gente,” aunque finalmente los compañeros pudieron entrar en la plaza, “lo que supuso una victoria para nosotros y una humillación para la policía.”
El orgullo de estos agentes del orden se vio puesto en entredicho y no tardaron en quejarse a sus superiores pidiendo poder hacer uso de más mano dura.“El SUP(Sindicato Unificado de Policía) aseguró que las ordenes de actuación que recibieron fueron excesivamente ambiguas y que esto puso en peligro la propia integridad de los agentes.” De este desencuentro entre políticos que no quieren encontrarse titulares en prensa y televisión que les sean desfavorables en vísperas de elecciones y policías que se sienten humillados por no poder hacer uso de sus porras con mayor libertad, surge un montaje que pilla de por medio al compañero Adrián. “Cuatro días después aparece publicado que hay tres policías heridos, uno de ellos hospitalizado, cuando en ningún momento durante la concentración se apreció ningún tipo de agresión a la policía ni mucho menos agentes heridos.”
Pero alguien tenía que pagar el pato y servir de aviso para navegantes en próximas manifestaciones y protestas como mandan los cánones de la vieja receta de la represión. La tarde que lo detuvieron sin aviso ni citación previa, Adrián pasó la noche en los calabozos de la comisaría de la Caleta. Hasta allí se desplazaron varios compañeros que animaron con sus gritos y sus voces al compañero encerrado dentro. Al día siguiente fue puesto en libertad.
Adri quiere hacer hincapié en las medidas represivas y en los abusos policiales que se están viviendo en Granada sobre todo desde que se aprobara la llamada Ordenanza Cívica. Esta ordenanza penaliza toda actividad en la calle que no se considere lícita dentro de sus parámetros, limita el uso de los espacios públicos y perjudica a los sectores más vulnerables. “Afecta por un lado a los movimientos sociales porque penaliza con mayor dureza la pega de carteles, el reparto de panfletos; criminaliza y persigue la prostitución y la inmigración ilegal, ámbito en el que se han registrado centenares de casos de violencia policial extrema o a la gente que se gana la vida en la calle pintando o haciendo música. Se han dado casos tan absurdos como el de ser multado por pasear bebiendo coca-cola o acabar apaleado por estar tocando la guitarra en un parque.”
Otra muestra de este panorama lo encontramos en la siniestra imagen que presenta la plaza de la libertad, encerrada toda ella con verjas sobre las que corre el rumor de ser las mismas que rodeaban la antigua cárcel.
Antes de despedirse el compañero quiere hacer una pequeña reflexión: “Se nos viene encima una buena, con recortes, represión y un montón de problemas por lo que es importante que los activistas y militantes nos esforcemos por hacer confluir nuestras diferentes luchas y mostrar nuestra fuerza uniéndonos en la calle.”


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