PRESENTACIÓN DE LIBROS ::: Marian Pessah ::: “Amor, placer, rabia y revolución”

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Creando ,compartiendo y difundiendo  CULTURA POPULAR

Hay infinidad de formas y formatos de producir cultura desde lo Ciudadano , lo popular , lo participativo y lo colectivo , ésta es una de ella , y RADIO MALVA con ENREDADAS MUJERES estuvo alli .

Nos reunimos en la terraza comunitaria y disfrutamos gota a gota de la presentación del libro “Amor, placer, rabia y revolución” de nuestra amiga Marian Pessah.

Nos envolvió a través de su voz y sus palabras …nos empapamos de miradas libres, complicidades corporales, afectos coloridos y experiencias reconocidas. Nos envolvió la noche… las palabras comunitarias revolucionaron nuestros cuerpos, nuevas voces poéticas y más poemas inspiraron rebeldías creativas. La experiencia sentida continua en nuestras vidas…


Marian Pessah

A través de poemas, y otros escritos, intento invitar a las lectoras a un viaje por el Amor, el placer y la rabia con la idea de que todo, junto, confluya en la preciosa revolución

CARTEL MARIAN BUENO

Programa de Enredadas Mujeres con Marian Pessah

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PRIMER AMOR

Revelación

Por Marian Pessah

Nos conocimos en una reunión. Yo ya sabía algo de ella por otras compañeras y supongo que a ella le pasaría igual. Pero sus ojos y sus palabras llegaron antes que su nombre. No recuerdo cómo fue, pero salimos conversando. Habrá dicho algo, habré respondido, entonces debe de haber agregado una frase hasta que un inoportuno “ah… vos sos Silvia” se me escapó de la boca. Afirmó con la cabeza, con naturalidad. Sin sorpresas.

A partir de ese momento, y durante unos días, nos fuimos cruzando por el arte de la vida o porque, como diría Cortázar, hay personas que no precisan marcar día y hora para encontrarse. Simplemente sucedía. La ciudad era grande y nosotras coincidíamos en los lugares. Cuando la veía entrar, mis ojos la seguían. Cuando me descubrían, sus ojos me acariciaban. Inventábamos excusas para conversar, también para quedarnos en silencio.

Esta última vez fue en el bar de Manu, yo estaba conversando con la Pequeña cuando la vi entrar. Le tomé con fuerza la mano, de nervios, y casi temblando le dije: “Es ella”.

Silvia entraba con un amigo. Sensual, liviana, como siempre, con una remerita celeste de escote cuadrado, un colgante verde y un perfume que me invadía a distancia.

Retuve su sonrisa como una gota que se ataja en el aire, pero luego se resbala por los dedos. Hay momentos que se registran y otros que corren, húmedos, entre los dedos.

Enseguida subieron. ¿Esperarían a alguien?, ¿vendrían a un cumple?, ¿preferirían la terraza?

Al ratito bajó. Para ir al baño tenía que pasar necesariamente por al lado mío. Me regaló otra sonrisa amplia, ella era de pocas palabras, yo también. Pero en ese momento quería decir algo, estirar el tiempo, el paso. Como al pasar, se dio vuelta y me preguntó si la acompañaba. “¿A dónde?”, dejé escapar por unos labios mudos. Señaló el toilette con la mano. Caminé a paso tímido. Ella no. Llena de decisión abrió la puerta, encendió la luz, y de un salto se sentó en el mármol, entre las dos piletas de manos. Mientras se sonreía, fue bajando la manga derecha de la blusa. Despacito. Iba apareciendo su nuevo tatuaje. Era una amazona que sujetaba un labrys.

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