BIENES COMUNES Y CONOCIMIENTO

gif VIDEO gif audioParéntesis de Gutenberg / Derecho a Leer

Un breve tutorial de 3 capítulos para explicar qué son los bienes comunes. Definiciones.

Por Santiago Garcia Gago. / Coordina Radios Libres y es parte del equipo de Radialistas.net y Radioteca.net.


CAPITULO 1 ::: ¿ QUE SON LOS BENES COMUNES ?


El aire que respiramos, el agua de los ríos y el mar, la biodiversidad, el genoma humano o las plazas y las calles son bienes comunes. Bienes para el provecho común (procomún) “que son de todos y de nadie al mismo tiempo”[1]. Son un legado, una “herencia colectiva”[2] de nuestros antepasados que recibimos como sociedad y que debemos cuidar para las futuras generaciones.

Qué es el procomún. Antonio Lafuente, 2007.
http://medialab-prado.es/article/video_que_es_el_procomun

Entre estos bienes comunes se encuentra también el conocimiento, la cultura y los recursos que hacen posible la comunicación digital, por ejemplo el software, los protocolos informáticos, los códigos y las estructuras y plataformas que dan vida a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

El investigador español Antonio Lafuente, clasifica en entornos los diferentes bienes comunes: (La imagen se encuentra en versión ampliada aquí)

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Lo común no es servicio público

“Es importante no confundir los bienes públicos con los bienes comunes: Los bienes públicos siempre deben ser producidos. No son «herencia colectiva» sino producto de decisiones políticas concretas. El suministro público de agua (como bien público) asegura la disponibilidad del recurso común del agua. Las bibliotecas (como servicio público) les proporcionan a las personas acceso al conocimiento y a las ideas (que son commons)”[3]

Bibliografía del capitulo 1

[1] Lafuente, Antonio. (2007). Los cuatro entornos del procomún. Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, 77-78: 15-22. Editor: Editorial Archipiélago. Recuperado de:
http://digital.csic.es/bitstream/10261/2746

[2] y [3]. Helfrich, Silke. Compiladora. (2008). Genes Bytes y Emisiones, Bienes Comunes y Ciudadania. México: Ediciones Böll, de la Fundación Heinrich Böll.
http://www.boell-latinoamerica.org/downloads/Bienes_Comunes_total_EdiBoell.pdf


CAPITULO 2 ::: LOS BIENES COMUNES COGNITIVOS


El conocimiento, como acabamos de ver, es considerado un bien común. Dentro de los bienes comunes cognitivos está la cultura, los saberes ancestrales o las lenguas. Parte de este conocimiento dejó de ser común y de acceso abierto pero, ¿cuándo y por qué sucedió esto?

Hasta mediados del siglo XV el conocimiento fluía libre y sin demasiadas restricciones. Aunque es cierto que pocas personas podían acceder a él, ya que la mayoría de la población no sabía ni leer ni escribir. En aquellos tiempos el conocimiento se transmitía principalmente de forma oral a través de trovadores y juglares que se encargaban de llevar historias y noticias de un lugar a otro.

Pero a mediados de ese siglo, el alemán Johannes Gutenberg pone a funcionar la imprenta y los poemas y trovas que antes se transmitían oralmente, pasas a plasmarse en un papel. El conocimiento se transmitía ahora en soportes físicos. Pero imprimir un libro costaba mucho dinero —que la mayoría de artistas no tenía— por lo que, además de los soportes, con la imprenta surgen los intermediarios.

Los editores o imprenteros compraban las obras artísticas y se quedaban para siempre con los derechos de imprimirlas en exclusividad. Incluso las registraban a su nombre, no al del autor.

“El nacimiento de la idea de propiedad intelectual fue una respuesta tanto al surgimiento de la sociedad de consumo como a la expansión de la imprenta. Hay un cierto sentido de propiedad literaria que se remonta al siglo XV, cuando no antes”.[1]

Los imprenteros en Gran Bretaña llegaron a tener un poder desmesurado. Pagaban muy poco a los artistas por sus obras y si en el futuro imprimir un libro no les resultaba rentable, lo abandonaban pero no permitían a nadie más hacer nuevas copias. La ciudadanía también se veía perjudicada por este monopolio ya que los libros nunca llegaban a ser del “dominio público”.

Ante esta situación, en 1710, unos doscientos años después de que se masificara la imprenta, se aprueba en Gran Bretaña la primera ley de derechos de autor: el Estatuto de la Reina Anne.

“Teniendo en cuenta que, impresores, libreros y otras personas, en los últimos tiempos se han arrogado la libertad de impresión, de reimpresión y publicación, o han hecho que se impriman, reimpriman, y publiquen libros y otros escritos, sin el consentimiento de los autores o propietarios de tales libros y escritos, en perjuicio de estos y, a menudo, llevándolos a la ruina propia y de sus familias: Por lo tanto, para prevenir estas prácticas en el futuro, y para el fomento de los hombres a componer y escribir libros útiles; con la venia de su Majestad, promúlguese este estatuto”.

Estatuto de la Reinna Anne. Traducción de la imagen del texto real:
http://www.copyrighthistory.com/anne.html

Con esta ley, los autores podían defenderse del abuso de los imprenteros que ahora pasaban a tener un tiempo limitado para imprimir en exclusividad las obras que compraban: 14 años más otros 14 si el autor seguía vivo, un total de 28 años.

Otro de los objetivos principales de esta ley fue democratizar el acceso al conocimiento ya que, pasados esos años, la obra entraba a formar parte del dominio público y la ciudadanía podía beneficiarse de ediciones más económicas realizadas por otras imprentas.

No sólo en Gran Bretaña, también en Francia y en otros países europeos, fueron proliferando legislaciones similares. La corriente latina nacería bajo la denominación de “derechos de autor”, mientras que la anglosajona se llamaría “copyright”. Aunque a veces son tratados como conceptos iguales hay algunas diferencias sustanciales entre ambos:

“En el sistema jurídico latino, el objeto del derecho de autor es, la creación intelectual expresada en obras que presenten originalidad o individualidad, a diferencia del sistema angloamericano en el que también pueden ser objetos del copyright bienes que no son obras de creación (…) grabaciones sonoras, las emisiones de radiodifusión,… La segunda diferencia importante es que “en la concepción jurídica latina la fijación de la obra sobre un soporte material no es condición previa para la protección. En el sistema angloamericano, en cambio, el requisito de la fijación continua siendo decisivo para que la obre sea protegida por el copyright.”[2]

Lo que se conoce como “propiedad intelectual”[3] regula tres aspectos del conocimiento.

  • Marcas o signos distintivos: registra logos de una empresa o el nombre de un producto.
  • Patentes de inventos o descubrimientos científicos.
  • Derecho de autor que regula las creaciones artísticas y literarias.

Los dos primeros aspectos, marcas y patentes, constituyen la llamada “propiedad industrial”.

El derecho de autor es el que más relación tiene con el conocimiento y la educación. Este derecho contiene a su vez dos tipos de derechos: los morales y los patrimoniales.

  • Los derechos morales son básicamente dos:
    • El derecho del autor a que se reconozca que es el autor o autora de dicha obra.
    • El derecho de que se guarde la integridad de la obra, es decir, que no sea modificada.
  • Los derechos patrimoniales están relacionados con el lucro y los beneficios económicos que el autor puede percibir por sus creaciones. En relación con este derecho un autor puede conceder, o no, permiso para que su obra sea difundida, copiada, vendida,… y percibir dinero por ello.

Los derechos morales nunca caducan ni hay plazos para que prescriban. Cervantes será siempre el autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Pero los derechos patrimoniales, como se comentó anteriormente, tienen un límite establecido por ley. Una vez que finaliza el plazo establecido la obra pasa a dominio público. Por eso, una imprenta o un gobierno podría editar de nuevo ese libro sin necesidad de pago por derechos patrimoniales.

La situación actual respecto a estas limitaciones no dista mucho de los tiempos anteriores al Estatuto de Ann. Las antiguas organizaciones de imprenteros agremiadas bajo la Stationers’ Company dieron paso a grandes y poderosas corporaciones multinacionales que editan libros y producen música y películas. La presión que estas corporaciones ha ejercido durante años aumentó progresivamente los límites del derecho patrimonial del autor de forma exagerada.

El Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas del 9 de septiembre de 1886 que rige internacionalmente los principios de la propiedad intelectual, recomienda 50 años hasta que una obra pasa a dominio público, pero la mayoría de los países han extendido estos plazos.

La mayoría de Leyes de Propiedad Intelectual de los países latinoamericanos recogen artículos como este: “El derecho patrimonial dura toda la vida del autor y setenta años después de su fallecimiento, cualquiera que sea el país de origen de la obra.” Una vez cumplido ese tiempo, “las obras pasarán al dominio público y, en consecuencia, podrán ser aprovechadas por cualquier persona, respetando los derechos morales correspondientes”. Pero en otros lugares, los plazos son mayores, como Estados Unidos donde las obras con copyright corporativo están protegidas por 120 años desde la fecha de creación o 95 desde la publicación.

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Evolución de los plazos del copyright en Estados Unidos y las Leyes (Act) que las fueron ampliando. Imagen de Tom Bell, licencia CC-BY-SA 3.0.

¿Por qué el derecho patrimonial del autor nace limitado? Si alguien tiene la propiedad de un bien material, por ejemplo una casa, esta propiedad no se pierde, la casa será siempre suya y de sus herederos. Pero el caso de la propiedad intelectual es diferente. Tanto las patentes médicas como los derechos patrimoniales de un autor sobre sus libros nacen limitados porque socialmente se sobrentiende que el conocimiento es un bien común desde estas dos perspectivas:

Conocimiento colectivo: toda creación del intelecto es de alguna forma una creación colectiva. No nacemos con información cargada previamente en nuestro cerebro. Éste se va llenando de conocimiento en la medida que crecemos y se alimenta de todo lo que nos rodea. Es la “inteligencia colectiva” de la que habla Pierre Levy: “somos, pues, inteligentes en acto únicamente gracias al intelecto agente, común al conjunto de la humanidad, que es una especie de «consciente colectivo»”.[4]

Derecho al conocimiento: por encima del lucro personal o empresarial, se encuentra el beneficio global representado en derechos como el acceso a la cultura, a la educación y a la salud. Por eso, se otorgan unos determinados años para recuperar la inversión y obtener beneficios, pero luego se permite una difusión libre de los contenidos o un uso abierto de los inventos protegidos por las patentes.

El hecho de que la propiedad intelectual nazca limitada también permite fomentar el desarrollo humano y la innovación científica.

Las patentes y los avances científicos

Para que las patentes no frenen la innovación global, éstas se otorgan con un tiempo limitado que varía de un país a otro. Pero muchos inventores han ignorado dichas patentes, algunas veces para librarse de pagar las respectivas regalías, y otras para beneficiar a la población.

Dentro del primer caso se encuentra curiosamente la industria del cine afincada en Hollywood. Estas grandes empresas del entretenimiento que ahora son uno de los sectores que más invierten en lobbys para que se extiendan los plazos del copyright, se originó, precisamente, huyendo de los controles de una patente. Thomas Alba Edison patentó su cámara de cine y ejercía un férreo control sobre quien quería usar en la costa este de los Estados Unidos. Algunos empresarios, para no tener que pagar las correspondientes regalías a Edison y poder hacer mejoras a su invento, se trasladaron a la costa oeste y fundaron la ahora llamada “meca del cine”, Hollywood. Algunos de aquellos empresarios tenían apellidos muy famosos que hoy relacionamos con la historia del cine, como por ejemplo: William Fox (Twenty Century Fox), Carl Laemmle (Universal) o Samuel Goldwyn (MGM). La historia completa se encuentra en la web Derecho a Leer

Como ejemplo de exenciones de patentes por el bien de la sociedad citamos el caso de Brasil. Su gobierno, por proteger la salud de sus ciudadanos, no respetó las patentes de los medicamentos utilizados para tratar a las personas que viven con VIH y fabricó antiretrovirales genéricos que entrega gratuitamente.

Radio Malva -AUTOGESTION GIF 1 (1)Entrevista realizada a Roseli Tardelli, Agência de Notícias da AIDS(((audio)))  Fuente: Radialistas.net

 

El tema de la propiedad intelectual es muy controvertido. Algunos autores, como Joost Smiers han llegado a afirmar que: “es intolerable que el ambiente, los contenidos y la comunicación de la vida cultural de una comunidad estén controlados en gran manera por una serie de grandes empresas culturales que, por ejemplo, poseen partes sustanciales de los contenidos de nuestra comunicación —gracias a la propiedad del copyright— o de los medios de producción, distribución y/o promoción de las expresiones culturales”[5].

En la tercera parte veremos las alternativas que nos ofrece Internet para acceder a los bienes comunes cognitivos.

Bibliografía del capitulo 2 

[1] Asa Briggs y Peter Burke. 2002, p.69. De Gutenberg a Internet: historia social de los medios de comunicación.

[2] Delia Lipszyc. 1993, p.41-42. Derecho de autor y derechos conexos.

[3] El término propiedad intelectual es muy cuestionado actualmente. Aquí se explica el porqué.

[4] Lévy, Pierre. 1994/2004. Inteligencia colectiva: por una antropología del ciberespacio. Edición de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Washington, Estados Unidos.

[5] Smiers, Joost y van Schijndel, Marieke. 2008, p.135. Imagine…no copyright. Bacelona, Editorial Gedisa.


CAPITULO 3 ::: INTERNET CIERRA EL PARÉNTESIS DE GUTENBERG


Internet ha permitido que el conocimiento se libre tanto de los soportes como de los intermediarios. La música no necesita ser grabada en un disco compacto (CD) sino que puede viajar de un correo electrónico a otro o alojarse en una web en formato digital, por ejemplo en mp3. Los libros ya no deben ser impresos en papel, sino que pueden subirse en formato digital a un blog.

“En la sociedad previa a la tecnología digital e Internet el precio a pagar por acceder a la información derivaba de dos factores diferentes: al valor que la información poseía en sí misma había que añadir inevitablemente los costes de producción, replicación y distribución, pues era inevitable que esta información estuviera sujeta a algún tipo de soporte material”[1].

En las sociedades digitales, “el bien activo de mayor valor no es un bien material, sino algo tan intangible como la palabra que usamos para comunicarnos, la información”[2].

Si no existe la necesidad de sufragar los altos costos de producción que generan los soportes, desaparece también la necesidad de los intermediarios. Esto ha significado que muchos artistas y escritores busquen en Internet circuitos alternativos de distribución de sus obras intelectuales al margen de las compañías intermediarias. De nuevo, el conocimiento puede fluir libre al igual que ocurría antes de la imprenta. Se cierra el paréntesis de más de 500 años que abrió Gutenberg [3].

“Habiéndose reducido a prácticamente cero los costes de edición, copia, reproducción y transmisión de datos, el mundo del conocimiento y de la creación han sido sacudidos por profundos cambios que van a transformar para siempre la relación profesionales/aficionados, productores/consumidores y autores/públicos”[4].

Internet, además de la oportunidad que ofrece de prescindir de soportes físicos e intermediarios, también nos está obligando a reconsiderar las legislaciones actuales sobre derechos de autor. Con la facilidad de compartir en Internet los bienes comunes cognitivos, hay nuevas propuestas para flexibilizar las licencias de distribución. En estos modelos, el autor elige qué derechos quiere otorgar sobre su obra, por ejemplo la difusión o la copia libre. Así, el acceso al conocimiento no está mediado exclusivamente por el dinero. Esta corriente es conocida como “cultura libre”.

La libre circulación y el acceso abierto al conocimiento son fundamentales en una época donde la “economía de la mente reemplaza a la economía de las manos (Perelman, 1992) que supone un constante aprendizaje dentro de sistemas muy complejos que combinan agentes humanos con máquinas inteligentes basadas en TIC”[5].

Una de las plataformas online de videos educativos más grande de la red es TED: Ideas dignas de difundir (del inglés: Ideas worth spreading). Todos sus videos están publicados con licencias libres. La charla que se sugiere trabajar no dura más de 5 minutos y fue presentada por Margaret Gould Stewart, encargada de experiencia del usuario en YouTube: “Cómo piensa YouTube sobre los derechos de autor”. Aborda el tema desde una perspectiva interesante y explica cómo los artistas se pueden beneficiar de las políticas que flexibilizan el copyright: “piensa cuidadosamente la política que aplicarás a tu contenido. Al bloquear todos los reusos, perderás nuevas formas de arte, nuevas audiencias, nuevos canales de distribución, y nuevas fuentes de ingreso”. Ver video en Ted.

Bibliografía del capitulo 3 

[1] y [2] Alcántara, José. 2008, p.53. La sociedad de control: privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad. Barcelona: El Cobre Ediciones. (Alcántara, 2008, p.53)

[3] La tesis del paréntesis de Gutenberg fue formulada originalmente por el profesor Lars Ole Sauerberg del Institute for Literature, Media and Cultural Studies de la University of Southern Denmark y la explica ampliamente Alejandro Piscitelli en este artículo de su blog.

[4] Lafuente, Antonio. (2007). Los cuatro entornos del procomún. Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, 77-78: 15-22. Editor: Editorial Archipiélago. Recuperado de:
http://digital.csic.es/bitstream/10261/2746

[5] UNESCO. (2005). Las tecnologías de la Información y la Comunicación en la Enseñanza. París.


Fuente : http://radioslibres.net/ 


GIf Radio Malva NOTICIA

 

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