Frida Kahlo ::: Su muerte fue el comienzo de sus una y cientos de resurecciones

El 13 de julio de 1954 Frida Kahlo fallecía en México.Su muerte fue el comienzo de sus una y cientos de resurrecciones para completarse en su arte. Sesenta años después, la recordamos con un fragmento.

“Es febrero de 1925. Frida yace sobre una cama. Inmóvil. El corsé de yeso le permite apenas que el aire entre y salga de sus pulmones. Mira el espejo, Frida. Su madre decidió regalarle esa visión: sobre su cama mandó construir unespejo para que pudiera mirarse, para que no estuviera sola.
Y Frida está más sola que nunca. Quieta observa su rostro, lo único que no está tapado por la manta y por el yeso. Frida se enfrenta a sí misma más desnuda que nunca. Mira a esa otra y le pregunta: ¿Qué es el dolor? ¿Hay una génesis del dolor? ¿Es esto que me pasa ahora o nace en otros y se agolpa en aquellos que podemos soportarlo y trascenderlo? ¿Es de mis huesos rotos o corre por mis venas y es el dolor de los indios mexicanos aplastados en las conquistas? ¿Es de mis fracturas o viene impreso en el óvulo de mi madre y el suicidio temprano de su novio frente a sus ojos; o en el espermatozoide de mi padre, su viudez prematura? ¿Es de la pata de palo que me dio la meningitis, de los ojos de mi padre dados vuelta ante un ataque de epilepsia que sabía contener desde niña o son esos soldados combatiendo por la revolución mexicana que caían en la puerta de mi casa o a los que curaba mi madre? ¿Viene de mi columna rota en mil pedazos o son las espaldas de los campesinos que trabajan doblados al rayo del sol del sur de mi país, o es acaso el silencio de las mujeres ninguneadas por maridos y sociedades?
Con naturalidad, Frida tomó una decisión como las que tomaría el resto de su vida: trascender al dolor, traspasar los límites, apropiarse del impulso que venía de sus vísceras y de sus venas; de su pasado y de su espíritu. Si debía convivir con ese rostro, con ese espejo como única compañía, sería su modelo e inspiración: lo transformaría en arte, en un rostro sombrío, en un cuerpo que iba a empezar a completarse en el lienzo”.


Fuente : Revista Sudestada

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