Morir de frío en Valencia.

Hace poco más de una semana, los informativos abrían diariamente con noticias sobre la “ola de frio” que azotaba sobre todo el norte del Estado español. Las imágenes en las que corresponsales informaban, casi de manera exultante, la proeza de haber conseguido llegar a un pueblo incomunicado por la nieve, se repetía en todo el espectro televisivo. Año tras año se redunda con el mismo énfasis informativo, dando la sensación que el invierno anterior no hubiera ocurrido lo mismo, convirtiendo en exótico, un fenómeno metereológico tan normal en el norte, como la nieve.

En la ciudad de Valencia, ver caer del cielo tan sólo un copo, es casi imposible. Sin embargo, cada vez es más frecuente, y a pocos metros del televisor donde un niño se afana por hacer un muñeco de nieve, ver personas buscando en los contenedores de basura, algo que llevarse a la boca; basta con asomarse a la ventana.

Nos encontramos en el barrio de El Cabanyal, un lugar herido por el desempleo y la SAM_0583obstinación de la alcaldesa Rita Barberá en derruir parte de él, para llevar a cabo otro de los proyectos farónicos que han arruinado económicamente a la ciudad.

Sobre las 6 de la mañana del jueves 5 de febrero, en los bajos de una obra inacabada de este barrio, murió Julio Martínez Giménez, una persona sin hogar. A falta del resultado de la autopsia, todo indica que su muerte ha venido condicionada por las bajas temperaturas. Era la segunda muerte en Valencia en menos de 48 horas por motivos parecidos. El miércoles aparecía muerto dentro de un cajero automático, aquejado de una pulmonía otra persona sin techo, Santiago Luján.

SAM_0592Durante los últimos momentos de su vida, Julio Martínez era auxiliado por otra persona que vive en la calle, José Jiménez le prestaba su única silla y una manta. Entre los coches que improvisan los bajos de la obra, como aparcamiento, José duerme desde hace meses. Hasta este lugar nos acercamos para hablar con él, la propietaria del bar de enfrente nos da una agorera pista, “me ha dicho un amigo suyo que le han dado una paliza y está en el hospital”. En la madrugada del lunes 9, José fue introducido por la fuerza dentro de un coche, conducido a un solar de Aldaia, en la periferia de la ciudad. Allí le golpearon hasta dejarle gravemente herido junto a una hoguera. Su tía nos lo explica en la habitación del hospital, en la cabeza de José podemos ver numerosas heridas, hace poco ha salido de la Unidad de Cuidados intensivos(UVI) del Hospital Clínico Universitario de Valencia, donde ha estado dos días en estado grave..

La simple relación de estos hechos, nos llevaría a reiterar las páginas de sucesos de la prensa local. Para contextualizar muy sintéticamente lo ocurrido, citamos las palabras de Toni Carrión, desde hace meses se sienta delante del Ayuntamiento de Valencia reclamando un empleo digno ó una renta básica, “hoy hacía frio, pero mas frio debe haber en los corazones que tienen en su mano evitar que las personas mueran, coma ha ocurrido esta semana pasada, han muerto dos personas, literalmente, de frio. ¿Cuantas muertes llevan a sus espaldas ?. Muertos de frio, muertos por suicidio al ser desahuciados, muertos por no recibir la medicación adecuada cuando ya existe”, refiriéndose al colectivo que padece hepatitis C.

La exclusión en el País Valencià.

En este contexto la  Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada), presentaba en noviembre del 2014, el Informe sobre exclusión y desarrollo social en la Comunitat Valenciana. En el informe se revelaba que el País Valencià registra una tasa de pobreza y exclusión del 31,7%. El estudio concluye, además que el 49,5 % de la población sufre la exclusión del empleo; que una de cada tres personas está afectada por factores de “exclusión residencial (accesibilidad, adecuación, habitabilidad y estabilidad de la vivienda)”; y que el 19 % se encuentra afectado por la exclusión de la salud, agravándose en situaciones de privación y dependencia. Del mismo modo, en el estudio se afirma que en el 16 % de los hogares existen problemas serios para seguir los tratamientos médicos y para asegurarse una alimentación suficiente y equilibrada en términos nutricionales.

Dejando de lado los fenómenos metereológicos, seguimos hablando de frío, ahora dentro de casa.

La pobreza energética.

Este concepto viene definido por la Asociación de Ciencias Ambientales, en su Estudio sobre Pobreza Energética en el Estado español como “la incapacidad de un hogar de satisfacer una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas”. Apunta este estudio que “las causas que generan esta precariedad energética son diversas: bajos ingresos del hogar, calidad insuficiente de la vivienda, precios elevados de la energía, precios elevados de la vivienda, etc”. Y añade entre sus consecuencias, “incidencias sobre la salud física y mental (incluyendo mortalidad prematura de ancianos)”, se estima 800 personas al año en el País Valencià.

Escucha la entrevista con Victoria Pellicer

http://www.ivoox.com/pobreza-energetica_md_4068635_wp_1.mp3″

Victoria Pellicer es integrante de Som EnergiaPlataforma por un nuevo modelo energético, y está investigando el tema de la pobreza energética en la Universidad Politécnica de Valencia. En la entrevista que mantenemos con ella nos señala que en el citado estudio, se apunta que actualmente un 26% de los hogares valencianos sufren la pobreza energética, mientras en el 2007 era del 13%, y están destinando más de un 10% de sus ingresos en pagar facturas de electricidad, que en muchos de los casos no pueden pagar. Según Victoria este concepto de pobreza “es una nueva etiqueta de una vieja realidad”. Continúa “una realidad no muy conocida, un problema que siempre ha existido, pero que se está acrecentando, por el cada vez más bajo poder adquisitivo de la población , y a su vez más alta facturación de los recibos de la luz y gas”. Para Victoria, el Gobierno español “no está reconociendo este tipo de pobreza como tal, y eso debería ser el primer paso a adoptar, además de impulsar un plan para combatirla”. Uno de los aspectos que nos apunta en este plan, sería el de promover las energías renovables, que abaratarían los costes y por consiguiente las facturas. Sin embargo, lo que se adoptan son medidas que caminan en dirección contraria, en clara connivencia con un oligopolio formado por las grandes empresas de energía del Estado español, Endesa, Iberdrola, Gas Natural y Unión Fenosa, basadas en la generación de energía combustible fósil, y el mantenimiento de centrales nucleares y térmicas.

Victoria piensa que “la energía debería ser un derecho y no un bien de mercado”, y concluye que la pobreza energética “está derivando en causas mortales y afectando a la salud de las personas, es un problema de injusticia e inequidad”.

Llamamos austeridad a las agresiones organizadas

La socióloga Saskia Sassen, autora del libro Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, afirmaba en Barcelona a principios de febrero: “las grandes categorías (ciudad, desigualdad, etcétera) son tan inmensas que son incapaces de capturar todo lo negativo que está pasando. No podemos, pues, simplemente hablar de desigualdad para explicar cómo miles de ciudadanos han sido desahuciados por fondos buitres y viven prácticamente en la intemperie. Nadie parece querer hablar de ello. Llamamos austeridad a las agresiones organizadas”.

en valencià/català

https://directa.cat/morir-de-fred-valencia

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